El 30 de julio el Colegio fue sede del curso Auditoría
interna basada en riesgos, un espacio para actualizar y desarrollar
herramientas que permitan a los asistentes fortalecer el control interno y la
gestión de riesgos ante el entorno actual, caracterizado por incertidumbre,
regulación y cambio constante. El curso fue presentado por la comisión T. SE de
Auditoría Interna, con la participación de sus integrantes Georgina Galicia
Reyes y Omar Hinojosa Badillo y la coordinación de Edgar Cruz Cruz.
Para comenzar, se delineó el camino de transformación de la
Auditoría Interna, que comenzó con tareas de verificación y detección de
errores para orientar en el cumplimiento de políticas y procedimientos;
posteriormente, amplió su alcance a la evaluación de controles internos,
convirtiéndose en una herramienta clave para la gestión operativa; hasta
finalmente llegar al enfoque actual basado en riesgos que consolida esta
disciplina como un elemento fundamental para preservar la continuidad de un
negocio mediante la planeación estratégica y la gestión de riesgos.
Durante su ponencia, los expertos resaltaron que la
Auditoría interna basada en riesgos tiene un ciclo de vida reiterativo de
cuatro fases: evaluación de riesgos y planeación, ejecución del encargo de
auditoría, informes de auditoría y la gestión de incidencias. Al desarrollar
cada uno, se hizo notar que el mayor valor de estas fases no reside en sus
características individuales, sino en su articulación cíclica que permite
trazar un camino de mejora continua y constante atención a los riesgos
operativos del negocio, facilitando su preservación en el tiempo mediante la revisión
y adaptación constante.
Adicionalmente, se señalaron algunos aspectos clave que
deben orientar la planeación con un enfoque basado en riesgos, entre ellos la
comprensión del negocio. Si el auditor consigue apropiarse de los objetivos y
prioridades de una organización, le permite entender la lógica de sus
estrategias y obligaciones regulatorios; sin embargo, se destacó que esta labor
es una tarea continua, donde el se debe analizar información propia del negocio
y de su sector para mantener al auditor consciente del contexto de la empresa
para identificar apropiadamente sus riesgos.
Estos riesgos, según describen, deben identificarse y
medirse para poder tomar decisiones sobre ellos, para ellos es fundamental explorar
en qué consiste cada riesgo, cómo impide los objetivos de la organización, de
qué manera se están gestionando y qué tan aceptable es para la continuidad del
negocio.
Tras puntualizar recomendaciones y enfoques para identificar
riesgos externos e internos que permitan clasificarlos por su nivel de impacto,
se produjo un ejercicio donde se desarrolló una planeación anual de Auditoría
con base en Riesgos, que comenzó con un análisis de macroprocesos y procesos de
una organización que permitió establecer el nivel de criticidad de cada uno a
fin de enfocar apropiadamente los esfuerzos de la organización de manera
óptima.
Posteriormente, tras la identificación de riesgos, estos se
mapean mediante una matriz de riesgos que ubica cada uno según la probabilidad
de que éstos ocurran y la magnitud de sus consecuencias, en alineación con lo
estipulado en la ISO 31000, que enmarca un proceso de identificación, análisis,
evaluación, tratamiento y monitoreo para los riesgos identificados.
Así, mediante este ejercicio práctico y la fundamentación
teórica compartida por los especialistas, quedó de manifiesto que la auditoría
interna es un ejercicio fundamental que evalúa y analiza el cumplimiento,
control interno y operación de una organización; además, la perspectiva basada
en riesgos brinda a este proceso la capacidad de priorizar apropiadamente el
uso de los recursos del negocio, convirtiéndose en un motor fundamental para la
toma de decisiones, la generación de valor y la preservación de la organización
a través del tiempo.
Eventos recientes
Con el objetivo de fortalecer las competencias de los profesionales en materia de análisis e interpretación de la información financiera, la comisión de Finanzas y Sistema Financiero del Colegio llevó a cabo el Taller de elaboración de informes financieros el pasado 30 de julio, con las exposiciones de Ramón Miranda Lagunas y Tomás Francisco Palacio Fernández, integrantes de la comisión organizadora. La coordinación del evento estuvo a cargo de Laura Becerra Rodríguez.Durante la primera parte del taller, Ramón Miranda Lagunas presentó los fundamentos contables que sustentan la elaboración de informes financieros y la toma de decisiones dentro de las organizaciones. Explicó que la contabilidad se divide en cuatro grandes segmentos: financiera, de costos, administrativa y fiscal, cada uno con funciones específicas para evaluar la rentabilidad, determinar costos, generar información para la gestión y optimizar el cumplimiento de las obligaciones tributarias.Asimismo, realizó un recorrido por la estructura de las Normas de Información Financiera (NIF), haciendo énfasis en los ocho postulados básicos de la NIF A-2, entre ellos la sustancia económica, la entidad económica y el negocio en marcha. Destacó que estos principios constituyen la base para la elaboración de los cuatro estados financieros básicos: estado de situación financiera, estado de resultados integrales, estado de flujo de efectivo y estado de cambios en el capital contable, herramientas indispensables para respaldar las decisiones de operación, inversión y financiamiento de cualquier empresa.El expositor también abordó conceptos como la devengación contable, la valuación a valor razonable y el análisis del flujo de efectivo mediante el método indirecto. Como parte del componente práctico del taller, los participantes desarrollaron un ejercicio utilizando un archivo de Excel con fórmulas y la herramienta de inteligencia artificial Claude, con la que generaron de forma inmediata un informe financiero que incluyó gráficas, fortalezas, áreas de oportunidad y recomendaciones estratégicas. Durante la sesión se destacó que la inteligencia artificial representa un apoyo para agilizar tareas operativas, sin sustituir el juicio profesional, la experiencia y la capacidad de análisis del especialista.En la segunda conferencia, Tomás Francisco Palacio Fernández presentó el concepto de "pulso financiero", un modelo de gestión sustentado en cuatro elementos estratégicos: los OKR (objetivos y resultados clave), los KPI (indicadores clave de desempeño) y los KCI (indicadores de confianza, integridad y calidad), los cuales permiten alinear la estrategia, medir resultados y fortalecer el control de riesgos en las organizaciones.A lo largo de su exposición profundizó en los principales indicadores financieros relacionados con la rentabilidad, la eficiencia y la liquidez, destacando la importancia de métricas como el margen bruto, el EBITDA y la capacidad para cubrir obligaciones de corto plazo. Asimismo, subrayó la necesidad de contar con presupuestos o parámetros de comparación para evaluar objetivamente el desempeño financiero de una empresa.Como parte de la explicación del capital de trabajo, definido como la diferencia entre el activo circulante y el pasivo circulante, el expositor recurrió a un ejemplo cotidiano para ilustrar cómo la falta de liquidez inmediata puede impedir concretar una venta, aun cuando el negocio sea rentable.Finalmente, mediante un ejercicio con información real anonimizada procesada en Excel y PowerPoint, mostró cómo el análisis de cuatro variables fundamentales (ingresos cobrados, ingresos facturados, gastos pagados y gastos facturados) permite detectar tendencias, identificar alertas financieras y anticipar posibles riesgos para la organización. Con ello, destacó el papel del analista financiero como un profesional capaz de diagnosticar oportunamente la situación de una empresa y aportar información estratégica para prevenir problemas futuros y fortalecer la toma de decisiones.
Con la finalidad de dar a conocer el tema de riesgos de incorrección material, fraude, errores y normas de auditoría para entidades menos complejas, la comisión técnica de Auditoría del Colegio presentó el 21 y 22 de julio, el curso Temas selectos de auditoría de estados financieros.El evento contó con la participación de Alfredo Molina Mercado, Victoria Huerta Mendizábal, Jessica Gómez Domínguez y Juan José Véjar Becerril como ponentes; además de Arturo Zavala Coca y Rafael Yela Gutiérrez en la gestión de las participaciones. Revisión del reconocimiento de ingresos y su consideración en temas de fraude fue el primer tema de la tarde a cargo de Alfredo Molina Mercado, quien examinó las causas que representan el área de mayor riesgo, de acuerdo con la NIA 240. Su exposición abarcó los tres elementos del triángulo del fraude (presión, oportunidad y racionalización). En esta tesitura, se habló de la necesidad de adoptar una mentalidad de auditor forense en el trabajo de revisión, así como las etapas del modelo de reconocimiento de ingresos de la NIF D-1 e IFRS 15. Al cierre de su intervención, habló de las señales de alerta por industria, el análisis analítico de datos sobre el universo total de transacciones y las respuestas requeridas ante la detección de indicios de manipulación. La segunda ponencia estuvo bajo la batuta de Victoria Huerta Mendizábal, quien habló de los temas de Valoración del negocio en marcha (NIA 570) y los procedimientos aplicables al cierre contable. Referente al negocio de marcha, destacó la obligación de evaluar un periodo mínimo de 12 meses a partir de la autorización de los estados financieros; la identificación de indicadores financieros u operativos de duda significativa, la evaluación de planes de la administración y los efectos en el informe del auditor. Otro tema abordado por Huerta Mendizábal fue el del cierre contable, en la que detalló las pruebas de corte de operaciones en la compraventa, la revisión de pasivos no registrados, la evaluación de asientos de diario para reducir el riesgo de la evasión de controles, esto con base en la NIA 240 y las revisiones analíticas finales. La segunda ponencia estuvo a cargo de Victoria Huerta Mendizábal, quien habló de los temas de valoración del negocio en marcha (NIA 570) y los procedimientos aplicables al cierre contable. Referente al negocio de marcha, destacó la obligación de evaluar un periodo mínimo de 12 meses a partir de la autorización de los estados financieros; la identificación de indicadores financieros u operativos de duda significativa, la evaluación de planes de la administración y los efectos en el informe del auditor. Otro tema abordado por Huerta Mendizábal fue el del cierre contable, en la que detalló las pruebas de corte de operaciones en la compraventa, la revisión de pasivos no registrados, la evaluación de asientos de diario para reducir el riesgo de la evasión de controles, esto con base en la NIA 240 y las revisiones analíticas finales. En la segunda jornada del día, se abordaron tres temas fundamentales: Auditoría de grupos, revisión de estimaciones y procedimientos de confirmaciones. Las ponencias fueron de Jessica Gómez Domínguez, Juan Jesús Véjar. El evento fue coordinado por el contador Rafael Yela Gutiérrez. Jessica Gómez Domínguez, en su intervención, habló de las consideraciones especiales que se tienen en las auditorías de estados financieros de grupos bajo la NIA 600, en este tema recalcó que la responsabilidad sobre la opinión consolidada recae en el auditor del grupo y no se comparte con los auditores de componentes. A la par, habló de la transición hacia un enfoque basado en el riesgo de incorrección material, la alineación con los requerimientos de gestión de la calidad de la NIA 220, y la importancia de mantener una comunicación bidireccional con los equipos de auditoría locales.Finalmente, Juan Jesús Vejar Becerril comentó acerca de la revisión de estimaciones contables (NIA 540) y el uso de confirmaciones externas (NIA 505). En el ámbito de las estimaciones contables, el contador Véjar profundizó en el espectro del riesgo inherente a través de la incertidumbre, la complejidad y la subjetividad de los métodos, hipótesis y datos empleados. En cuanto a las confirmaciones externas, detalló los requerimientos para mantener el control directo sobre el proceso de envío y recepción, el tratamiento de las negativas de la administración y la ejecución de procedimientos alternativos para la obtención de evidencia fiable.
El 20 de julio se presentó el curso IA aplicada a la fiscalidad internacional en el Colegio, bajo la coordinación de la comisión técnica Fiscal Internacional, un espacio de análisis y reflexión entorno a las oportunidades que trae consigo la implementación de la Inteligencia Artificial (IA) para optimizar tareas, recuperar información y alimentar la toma de decisiones.En el evento se contó con la participación de Jorge Carlos Ramírez Lomelín, director ejecutivo de IA en Augmentis.AI, firma mexicana especializada en la aplicación de esta tecnología; Alejandro Barrera Fernández, Juan Ángel Becerra Cantú y Ana Teresa Aceves Villalba, integrantes de la comisión antes citada compartieron también sus conocimientos desarrollados desde el campo mediante la experimentación y documentación en el uso de la IA en el entorno Fiscal Internacional.Para comenzar, los ponentes partieron de un hecho: la IA ya forma parte de la realidad profesional de abogados, contadores y consultores, por lo que conocer esta herramienta y las formas en que se utiliza para desarrollar una perspectiva crítica que identifique su utilidad y alcance al mismo tiempo que considera sus limitaciones y riesgos. Debido a estas premisas, es fundamental entender la IA como una herramienta que habilita oportunidades, pero no sustituye el juicio profesional, sobre todo cuando se trata del entorno fiscal internacional.Según comentan los expertos, la IA tiene una dependencia inmediata de su operador, de manera simplificada: la calidad de sus respuestas estará vinculada a la correcta formulación de preguntas, el desglose de contexto apropiado y la posterior evaluación de sus resultados; por ello, conocer su funcionamiento y criterio es determinante para su uso efectivo. Por ello, el inicio del curso se centró en comprender el funcionamiento de los Large Lenguage Model (LLM), como ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot, las herramientas más representativas de la IA.Tras desarrollar su funcionamiento, los expertos volvieron al tema central para la aplicación responsable de esta tecnología: la responsabilidad profesional; aunque la IA puede generar propuestas, borradores e incluso recopilar información, el especialista humano es la persona que firmará cualquier resultado derivado del uso de cualquier tecnología, por lo que debe verificar fuentes, validar información e incluso construir un prompt suficientemente preciso para minimizar riesgos técnicos, legales y operativos.Para la disciplina fiscal internacional, la IA representa una oportunidad enorme para enfrentar problemas cotidianos del ejercicio profesional: exceso de información, documentación extensa, plazos reducidos, jurisdicciones múltiples y procesos repetitivos. El correcto uso de la IA puede suponer un apoyo para procesar información compleja y compararla, analizar documentos extensos o resumir información; en todos estos casos, el resultado supone una optimización del tiempo utilizado en algunos procesos que resulta en una mejor gestión del tiempo y la capacidad de agilizar el trabajo del profesional.A fin de demostrar esta premisa, se compartieron ejemplos de aplicación de esta tecnología que lograban reducir el tiempo dedicado a cada tarea de horas a minutos. Identificar todos los artículos mencionados en un documento o realizar una búsqueda de las normativas relacionadas a un tipo de operación suponen tareas que la IA puede abordar para optimizar el tiempo del profesional y permitirle enfocar sus esfuerzos en labores de análisis fundamentales. Los ponentes señalaron que cada tipo de organización puede resultar beneficiada de esta herramienta de distintas maneras, pero para conseguirlo deben conocer su operación y documentarse constantemente al respecto, ya que la importancia de su uso no reside en la IA en sí misma, sino en la forma en que se emplea para solucionar un problema específico.Para cerrar con la presentación, Jorge Carlos Ramírez presentó un agente de IA llamado Argus, un asistente capaz de filtrar información, compilar resultados de búsqueda y planificar cursos de acción, permitiendo resolver tareas en minutos para dar acceso al especialista de información y estructura que le permitan tomar decisiones y resolver problemas sin delegar su criterio profesional; con ello este agente supone un ejemplo del papel de la IA en el contexto actual, como acompañante de los procesos humanos y una herramienta que genera oportunidades para la labor de los profesionales.